miércoles, 2 de enero de 2008

1. Poemas en desuso

I
LA GUERRA, LA PAZ Y EL HAMBRE


Cuando las armas altivas álzanse
en contra de las altaneras,
hombres se ven desfilar
decididos
en pos de una bandera.

Echadas las suertes
unos son cobardes y se esconden,
otros son valientes y pelean,
pocos son los que deciden y
la muerte decide por todos
...la paz.

Las penas con pan son llevaderas.
Las metas sin ti sólo quimeras.
Ilusión y verdad van de la mano
y nosotros... ¡tanto anhelamos!
… sueños.

No tenemos paz.
La muerte nos acecha
sin guadaña, sin afán,
nos ama con un amor laaaargo
y nos espera
en las esquinas espiando un beso,
en los pasillos atenta,
en la cama con frío,
con cara de hastío o de vieja loca,
¡la miserable!

Es hambre.
Tener sentimientos es fácil
cuando soñar nos cuesta.


II
¡QUÉ HAREMOS CON EL MIEDO, SEÑOR, QUÉ HAREMOS!

Y a quién podremos preguntarle
si todos tenemos miedo...

Miedo a perder
la costumbre, la inocencia,
el sobrenombre, lo invertido,
algún privilegio o la vergüenza
que nos queda.

Miedo de un amor
por el desamor,
miedo a la verdad
por un desengaño,
miedo a la muerte,
miedo de la vida...

Y quién podrá decirnos
que ha tenido miedo,
que ha muerto y vuelto,
que ha perdido,
que no sabe y está vivo.

Alejandra... (¡Dios mío!)

III
LAS HIENAS

Dicen que las hienas son cobardes
y siguen y persiguen y matan,
pero lo hacen porque tienen crías
o simplemente porque tienen hambre.

Hay fieras, sin embargo, más cobardes,
más traicioneras, si se quiere así decirlo,
son las hordas bípedas sin pelambre
que sin tener frío, persiguen,
sin tener hambre, asesinan,
sin tener sed, beben sangre.

IV
NUESTRO PAN DE CADA DÍA


No hay trabajo,
no hay monedas,
no hay pan.

Entonces
no hay hijos,
no hay madre,
nada.

Ni domingos
ni almuerzos,
nada.

El pan es trigo,
panadero,
molino y brazo
que lo mueve.

Espiga y cosechero,
sembrador anónimo,
sol e invierno.

Amarillo y verde,
ladrillo al rojo
en el horno negro.

Pan es flor,
dientes y lengua,
pan eres tú.

Y no hay, ay, ay, ay.

V
ESTOY TRISTE


Estoy triste putamente triste
por fortuna aprendí a llorar
despacito
rabiosamente despacito
de ojos para afuera humedad que lleva el aire
de ojos para adentro en cambio
alimento mi destilería vital
fermento gotas de amargura
en cántaros de carne
explotan en mi pecho burbujas
de pasión de iras contenidas
de odios de rabias desbocadas
de amores todavía no satisfechos
y exudo así día a día
las mieles salvajes del corazón

VI
MI DECISIÓN ELEMENTAL


La vida nos zaranda.
Una vía nos angosta.

El pan
ensopa
el vino.

El ron
licua
la sangre.

La voz
ahoga
un latido.

Y el lecho
muere
vacío

La vida nos zaranda.
Una vía nos angosta.

La selva
esculpe
hombres.

La guerra
devora
sueños.

Las madres
guardan
niños.

Los hijos
repudian
dueños.

Los muros
doman
puños.

Las alas
nutren
tempestades.

La vida nos zaranda.
Una vía nos angosta.

La rueda
metálica
angosta.

El rodillo
del sol
angosta.

Una chispa
un rayo
zaranda

Un beso
un niño
zaranda.

La inocencia
perdida
zaranda.

La ira
enciende
hogueras.

La pureza
trasciende
el fuego.

La vida—vida nos zaranda.
Y el sudor
amado
nos hace
eternos.

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